Idolatría proviene del griego eidol=ídolo + latr: adorar, servir, significa, pues, el culto a los ídolos. En tanto ser fan, es una economía del lenguaje, en vez de decir soy fanático, decimos soy fan. Este proviene del vocablo fanum, que significa santuario o templo, entonces ser fanático designa a un servidor de un templo.
Hago esta aclaración para entender la diferencia cuando asociamos estos conceptos a las marcas.
He escuchado recientemente la frase “hay que lograr el público sea fan de tu marca, que sienta un vínculo especial con ella”. Concepto fuertemente acuñado por el metalenguaje 2.0, donde las redes sociales utilizan aplicaciones para hacernos fans de cualquier tontera.
Con la muerte de Sandro, y sus más de 100 mil desgarrados “deudos” llorando su despedida, podemos ver que una marca no se construye sólo con imágenes, música "oreja" y frases para premios, sino que se edifica en torno a la experiencia que se vive en torno a ella, la vida que esta lleva, como conversa contigo y si te deja hablar. Solo así decidiré, libremente, si la compro o no.
Hace unos años Umberto Eco, el semiólogo italiano, hizo un comparación entre Mac y PC's a las dos ramas principales de la fe cristiana: los católicos y protestantes. Personalmente siento que hizo una asociación invertida, pero independiente de esta analogía, vemos algo cierto, distinguimos a verdaderos idólatras de ambas marcas, no fans.
Cuando Steve Jobs decidió incorporar el procesador Intel Core Duo en los Mac, propio de los PC's, los fanáticos de la manzanita se la perdonaron, pero con cierto recelo. El ecumenismo del marketing da para todo, nuestra tarea es definir qué parámetros estamos utilizando en su construcción y qué tan fieles somos en la coherencia creativo-comunicacional.
Que el público ame, quiera, se sienta identificado y se haga fan de las marcas es una tarea dura, de largo aliento y que no es responsabilidad única de un puñado de creativos o de una gran estrategia de marketing.
Si Nike o Coca Cola muerieran, ¿veremos a millones de personas llorando y haciendo sentidas despedidas? ¿Hablará Obama a la nación y al mundo entero sobre la muerte de estas marcas? ¿prestará la Casa Blanca para el velatorio?
Sandro está muerto y dejó una marca, sin logo, sin paleta de colores y sin slogan. Que le enciendan velitas, ese es otro tema.